La Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo desarrolla en Cancún un proyecto de investigación aplicada que analiza, desde diversas perspectivas, los factores que influyen en la violencia y la inseguridad en el municipio de Benito Juárez. El estudio, que forma parte de una colaboración con el Sistema Estatal de Seguridad Ciudadana (SESESC), combina herramientas de análisis urbano, social y psicosocial para ofrecer una radiografía precisa de las condiciones actuales de varias regiones de la ciudad. El trabajo inició con un diagnóstico participativo que abarca las regiones 260, 235, 259, 251 y 249, seleccionadas por su diversidad demográfica, su crecimiento acelerado y su composición socioespacial.
En estas zonas, los equipos universitarios realizaron marchas exploratorias que permitieron observar directamente las condiciones físicas del entorno: banquetas discontinuas, alumbrado intermitente, calles sin nomenclatura, topes sin señalización, acumulación de basura, lotes baldíos convertidos en puntos de riesgo y vialidades que, por su diseño, representan peligros cotidianos para peatones y usuarios del transporte público.
A partir de estas observaciones, se elaboraron mapas y registros detallados que muestran patrones de uso del espacio, zonas con mayor concentración de desorden ambiental y trayectorias donde la falta de iluminación o de mobiliario adecuado modifica la percepción de seguridad de los habitantes. La información recabada también evidencia diferencias significativas entre regiones, marcadas por contrastes socioeconómicos, densidad habitacional y accesibilidad a servicios.
El proyecto incorpora análisis demográficos que permiten entender la estructura poblacional de las regiones estudiadas. En varias de ellas se observa una proporción alta de personas jóvenes, movilidad constante de residentes y procesos de asentamiento que no siempre avanzan al ritmo del crecimiento urbano. Estas características influyen directamente en la cohesión social, en la construcción de redes comunitarias y en la manera en que se experimenta el espacio público.
En el plano psicosocial, la investigación incluye un amplio análisis de expresiones emocionales infantiles mediante pruebas proyectivas aplicadas en distintas escuelas. Los resultados revelan que un número considerable de niñas y niños representa en sus dibujos escenas relacionadas con miedo, tensión, agresividad o peligro.
Entre los elementos más recurrentes aparecieron figuras incompletas, cuerpos distorsionados, tachaduras intensas, ojos vacíos, expresiones de llanto o ausencia de figuras adultas protectoras.
Estas representaciones muestran que las infancias interpretan su entorno inmediato como un espacio donde predominan la incertidumbre y la vulnerabilidad, lo que plantea la necesidad de fortalecer entornos escolares y comunitarios más seguros y emocionalmente estables.
El componente urbano del proyecto se orienta en el enfoque de “Ciudad Cuidadora”, un modelo que concibe el espacio público como un lugar que debe garantizar movilidad segura, accesibilidad universal, infraestructura adecuada y condiciones que permitan a las personas transitar, convivir y realizar sus actividades sin exponerse a riesgos innecesarios.
Bajo esta perspectiva, elementos como cruces bien señalizados, banquetas continuas, iluminación uniforme, transporte público adecuado y uso activo del espacio público dejan de ser cuestiones estéticas para convertirse en factores determinantes para la prevención del delito.
En paralelo, el proyecto convocó a especialistas, instituciones gubernamentales, docentes e investigadores al foro “Factores de riesgo y estrategias para la prevención social del delito y la violencia en Cancún”.
Durante el encuentro se presentaron los avances del diagnóstico y se generó un espacio de análisis colectivo donde se abordaron temas como movilidad segura, riesgos situacionales en barrios densamente poblados, consumo de sustancias, seguridad digital en juventudes, impacto del diseño urbano en la percepción de seguridad y la importancia de la participación ciudadana en la construcción de estrategias de prevención.
Las mesas de trabajo permitieron integrar múltiples miradas y construir propuestas que abarcan desde la mejora en la iluminación y la recuperación de lotes baldíos, hasta la activación programática de parques, escuelas y espacios comunitarios en horarios vespertinos. También se señalaron necesidades como la contención emocional de infancias, la creación de corredores seguros entre escuelas y viviendas, el fortalecimiento de comités vecinales y la gestión sostenible de residuos en zonas donde la acumulación de basura se ha convertido en un factor de riesgo.
El proyecto es coordinado y desarrollado por el equipo académico integrado por las doctoras Angélica Mata Cárdenas, Christine McCoy Cador, Rosa Isela Fernández Xicoténcatl y Michelle Hernández Michell, con la colaboración y acompañamiento institucional del Dr. Víctor Gaber Bustillos, quienes han estructurado una metodología que combina dimensiones territoriales, urbanas, comunitarias y emocionales para ofrecer una lectura amplia y profunda del fenómeno.
Con la información obtenida hasta ahora, la investigación avanza hacia una fase que permitirá contrastar datos, profundizar en patrones territoriales y establecer líneas de acción más precisas para los distintos entornos estudiados. Lo que ocurre en una banqueta sin luz, en un cruce sin señalización o en un salón de clases donde un niño dibuja miedo tiene un valor analítico que, sumado, comienza a dibujar el mapa real de cómo se vive y se siente Cancún.
Aún quedan preguntas por responder, pero por primera vez en mucho tiempo, el diagnóstico no depende de percepciones aisladas: está siendo construido con evidencia, con territorio, investigación y con comunidad.
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