Los resultados de las pruebas proyectivas aplicadas a niñas y niños de 5 y 6 años en el marco del “Diagnóstico de factores de riesgo sociales, situacionales y psicosociales en Benito Juárez”, muestran que la experiencia de inseguridad ya se expresa desde la infancia temprana, y las investigadoras a cargo coinciden que la prevención social de la violencia debe comenzar desde edades tempranas y con una perspectiva territorial. El estudio elaborado de manera conjunta por la Dra. Rosa Isela Fernández Xicoténcatl, por parte de la UQRoo y la Dra. Christine McCoy Cador, por la Universidad del Caribe, explica que, las pruebas fueron utilizadas como una técnica cualitativa para captar vivencias socioemocionales asociadas al miedo, la amenaza, la evitación y el estrés, particularmente en contextos donde la verbalización directa es todavía limitada.
Metodológicamente, las pruebas proyectivas se apoyan en producciones abiertas como “dibuja a tu familia” o “dibuja tu entorno”, lo que permite explorar dos dimensiones complementarias: por un lado, la representación de la familia y los vínculos cercanos; por otro, la percepción del entorno social y comunitario. En este caso, el dibujo fue analizado como un registro expresivo del clima afectivo, la sensación de seguridad y la forma en que niñas y niños organizan simbólicamente su experiencia cotidiana.
Los hallazgos más relevantes se concentran en la región 235 donde se presentó el nivel más alto de alerta, con 21 dibujos analizados y 100% con indicadores relevantes, se ubica en nivel crítico extremo. Le siguen la región 251, con 50 dibujos y 86% con indicadores, y la región 249, con 40 dibujos y 85%, ambas clasificadas en nivel crítico.
La región 259 registró 88 dibujos y 67% con indicadores, correspondiente a un nivel alto, mientras que la región 260 mostró 64 dibujos y 44% con indicadores, ubicándose en nivel medio.
El análisis comparativo por dimensión aporta matices importantes. En la región 235, los indicadores fueron muy altos tanto en familia como en entorno, lo que resulta compatible con un ambiente afectivo y comunitario percibido como altamente estresante.
En las regiones 249 y 251, la dimensión entorno supera a la dimensión familia, lo que sugiere una mayor simbolización de la inseguridad fuera del hogar, por ejemplo, mediante escenas de amenaza, violencia o persecución. En la región 259, en cambio, los indicadores fueron bajos en entorno y bajos a moderados en familia, perfilando una percepción comunitaria relativamente más segura.
La región 260 se ubicó en un punto intermedio, con indicadores moderados y consistentes en ambas dimensiones.
Estos resultados son especialmente relevantes porque permiten identificar señales tempranas de malestar socioemocional vinculadas con el contexto cotidiano. Desde el enfoque del estudio, las pruebas proyectivas no se emplean como diagnósticos clínicos aislados, sino como una herramienta cualitativa para reconocer patrones convergentes de estrés, miedo o vulnerabilidad, siempre interpretados junto con otras fuentes de información, como observación, contexto escolar-comunitario y evidencia complementaria del diagnóstico.
El documento también subraya una consideración ética y metodológica central: la interpretación no debe descansar en un detalle aislado del dibujo, sino en la acumulación de señales y su coherencia con el contexto. Asimismo, señala que, cuando los patrones sugieren riesgos relevantes —como escenas persistentes de amenaza, miedo intenso o desorganización emocional marcada—, se recomienda activar rutas institucionales de acompañamiento, orientación escolar y, cuando corresponda, canalización a instancias especializadas, siempre bajo protocolos de protección de la niñez.
En conjunto, los resultados de las pruebas proyectivas confirman que la prevención social de la violencia debe comenzar desde edades tempranas y con una perspectiva territorial.
El diagnóstico muestra que no todas las regiones presentan la misma intensidad de riesgo y que, por tanto, las estrategias de intervención deben ser focalizadas, con énfasis en contención psicosocial, fortalecimiento del vínculo escuela-familia, detección oportuna y recuperación de entornos protectores para la infancia.
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